Cinco meses atrás, en el laboratorio de la Clínica Comfamiliar Risaralda, se presentó Patricia Capitán, de 34 años de edad, quien solicitaba el procedimiento de toma de muestras para hacer parte de la familia Comfamiliar, pues se encontraba en un proceso de selección para ingresar a laborar al puesto del que hoy hace cargo en el área de atención al usuario de la parte administrativa, sin embargo, su fobia a las agujas le tenía los pelos de punta.

Al acercarse a nuestro personal de salud, el joven que le realizaría la toma de muestras noto que Patricia estaba un poco nerviosa, sus manos sudaban, su respiración se aceleró y de inmediato derramó lágrimas de los nervios, pero en busca de su bienestar y comodidad, solicitó a una enfermera que le realizara un acompañamiento más cercano que le brindara la tranquilidad necesaria para dejarse realizar el procedimiento.

“Ella aisló mi mente, me empezó a hacer preguntas sobre mi hija mientras yo me tranquilizaba y ni siquiera me di cuenta cuando me tomó la muestra” gracias a la atención humanizada de esta enfermera, Patricia no sintió dolor, se sintió comprendida y ahora agradece que el personal del laboratorio tenga empatía hacia los usuarios, pues no se limitaron únicamente a hacer su trabajo, sino que le brindaron a patricia la mejor atención para su comodidad.

Para nosotros es indispensable trabajar con vocación y amor por lo que hacemos, pues el respeto se fortalece desde entender el paciente y sus condiciones particulares. Es así como Patricia ahora se siente segura y recomienda el servicio a sus familiares y conocidos, pues siempre estamos pensando en tu salud y protección, al atacar los derechos del paciente a la mejor asistencia en salud posible y recibir un trato digno y humano por el personal asistencial.