Hace aproximadamente año y medio una emergencia sanitaria cambió por completo nuestros hábitos y nuestra forma de ver la vida, el Covid-19 le dio un giro inesperado de 180 grados al mundo entero y Alejandro Mejía no fue la excepción, este joven de 24 años se dedicaba a trabajar para un Call Center en la ciudad de Pereira y hace nueve meses decidió ir en busca de mejores oportunidades laborales, así fue como inició su camino en la Clínica Comfamiliar y ahora aporta a diario su granito de arena durante este tiempo de crisis al proteger la salud de los pacientes.

Durante los primeros meses ejercer su labor fue mucho más que un reto, pues el miedo de sus familiares al exponerse ante el virus era muy grande, sin embargo, él siempre lo vio como una oportunidad de crecer y ofrecer a su familia una mejor calidad de vida: “El Covid-19 es una enfermedad que asustó a muchos, especialmente a mi familia cuando empecé a trabajar acá”, afirmó Alejandro, ahora agradece a Comfamiliar el cuidado frente a todas las normas de bioseguridad que debe manejar en su lugar de trabajo y es así como llega a su casa a diario con la tranquilidad de saber que protege a los suyos.

En casa vive con su madre, sus tres hermanas y su sobrina, quienes lo admiran no solo por ser el hombre de la casa, sino también por su ardua labor como el encargado de desinfectar todos los lugares de la clínica por donde se pueda movilizar un paciente de Covid. Un aspersor es su gran colega, que lo acompaña a diario en la rutina por las habitaciones a las que llegan los pacientes, los traslados de urgencias a hospitalización, hospitalización a UCI y en el más grave de los casos, aquellos pacientes que perdieron su vida a raíz del virus, pues en ocasiones también se viven momentos de angustia y frustración, lo que hace que su cargo sea indispensable, ya que evita el contagio de los demás usuarios de la Clínica.

Este joven es un héroe sin capa y un motivo de orgullo, pues se encarga de proteger tanto a su familia, como a los pacientes y colaboradores de Comfamiliar, desinfecta con su aspersor cada rincón de la clínica, lo que conlleva una gran responsabilidad en sus manos, entre otras funciones de vital importancia como desechar todos los residuos y hacer seguimiento de desinfección al paciente desde el momento en el que ingresa a la Clínica, hasta que sale de ella, destacando el riesgo que corre al tener contacto con ellos y el restringido ingreso a las UCI, por tanto, el hecho de vivir a diario el cambio drástico en la vida y la salud de las personas es admirable.

Gracias a esta experiencia, Alejandro aprendió la importancia de ser responsables con todos los métodos de bioseguridad y nos invita a ejercer su labor desde casa como un protector de la vida, pues pocos ven tras sus ojos la alarmante situación que se vive constantemente y que lo motiva cada vez más a ser cuidadoso, trabajando desde el amor por los suyos y los nuestros, lo que lo hace que su labor sea admirable por completo.