Este es un sentimiento común expresado por la mayoría de las madres, en especial de todas aquellas que desempeñan su trabajo diariamente dentro de una clínica y deben atravesar los pasillos del área Covid con vestidos azules desechables, batas blancas, gorros, gafas, tapabocas, caretas y muchos sentimientos encontrados, “estamos demasiado protegidos, afortunadamente la Clínica nos entrega toda la dotación para realizar nuestras actividades con seguridad y amor” dice la operaria.


Sandra, es madre de cuatro hijos y todos son estudiantes universitarios, a los que con amor ha podido sacar adelante “mis hijos me definen como una mujer fuerte, responsable y dedicada al hogar”. Siempre se ha considerado una mujer comprometida con su trabajo y más en este punto donde tiene que compartir y estar expuesta al virus completamente. “Tengo que estar la mayor parte del tiempo dentro de la Clínica, mi trabajo consiste en hacer el aseo de todo el sector donde están los contagiados, limpiar las habitaciones, los pasillos y desinfectar todas las superficies” comenta Sandra.


Ser madre y trabajar en una Clínica en medio de una pandemia, es un gran desafío por el espíritu protector que tienen la mayoría de madres “al inicio me sentía muy abrumada porque no tenía mucho conocimiento sobre los protocolos y cuidados que todas las personas tenemos actualmente y sentía que iba a contagiar fácilmente a mis hijos” cuenta esta madre ejemplar. Llegar a la Clínica, cambiarse y empezar a dejar limpia toda la superficie elegida para el aislamiento de los pacientes Covid se convirtió en una acción de enseñanza y agradecimiento con la vida.


Hace dos años, Sandra Patricia hace parte de la familia Comfamiliar, y sus mayores aprendizajes y retos los ha logrado en medio de la emergencia social que desató el Covid-19, ya que desde la Clínica y teniendo que ver a tantas personas que se debaten entre la vida y la muerte, ha podido reflexionar y ser una mejor persona, entregar lo mejor de sí misma en cada actividad que realiza, compartir tiempo de calidad con sus hijos y llevar un mensaje de amor a todas las personas que la rodean.


“Mi labor y mi profesión es ser madre, constantemente estamos en aprendizaje gracias a las edades y ninguno de nuestros hijos es igual a otro. Gracias a ellos he tenido fortaleza y ganas de salir adelante, siempre ha sido mi objetivo, convertirlos y seguirlos llevando por el camino del bien” dice Sandra. La operaria en Servicios Generales únicamente quiere que sus hijos estén sanos y puedan compartir con ella todo el tiempo; siempre que Sandra llega a su casa cumple con todos los protocolos de desinfección antes de correr a abrazar a sus hijos como siempre acostumbran.


Las madres de Comfamiliar Risaralda son fuentes de inspiración para todas las personas, con cada actividad que realizan o profesión que tienen dejan un mensaje a la humanidad y una lección de amor en cada familia risaraldense. Sandra dice “disfrutemos a nuestros hijos y aprendamos de ellos, son nuestro motor y nuestras ganas de luchar; sé que en algún momento todo será recompensado. Feliz mes de las madres para todas mis compañeras”.